viernes, 25 de septiembre de 2026

Textos para la reflexión

Tengo el hábito de escribir en un cuaderno de notas los pasajes más interesantes de las obras que leo o releo. Son fragmentos difícilmente clasificables, tanto en naturaleza como en extensión, pero todos ellos tienen algo en común: invitan a reflexionar. A veces proceden de obras encomiables y a veces no. Mi tino (o desatino) al elegirlos se reduce a los pasajes mismos, pero nunca a la obra completa. Poco a poco, y si el tiempo me lo permite, iré introduciendo en el blog algunos de estos textos. Cuando me ha sido posible he consignado la página de procedencia de la cita, pero no siempre he mantenido tan saludable costumbre. Espero que os sean de utilidad.


Agustín Izquierdo Alberca

Alfonso Mañas
GLADIADORES, BESTIAS Y CONDENADOS (II)
Córdoba, 2024, Almuzara.

 

“Tan pronto un gladiador caía muerto a la arena tras ser degollado, por haber recibido el veredicto de iugula, varias personas se abalanzaban sobre su garganta abierta y comenzaban a chuparle la sangre.
   La escena puede parecernos imposible, incluso pese a tener en cuenta que ocurría en el anfiteatro, donde sabemos que casi todo era posible. No obstante, son varias las fuentes de la época que confirman que en efecto sucedía eso, explicando que la razón era bien sencilla.

AULO CORNELIO CELSO, De re medica, 3.23.7: «Algunos al beber la sangre caliente de un gladiador degollado se han curado de tal enfermedad. Miserable remedio que solo una enfermedad aún más miserable hace tolerable a quienes lo practican».

   La enfermedad a la que se refiere Aulo Cornelio Celso, autor del siglo I (murió hacia el año 50), es la epilepsia, en latín morbus comitialis (enfermedad de la asamblea), llamada así porque si alguien sufría un ataque de epilepsia en cualquier asamblea o reunión pública, ésta se interrumpía de inmediato, pues se consideraba un mal augurio.
(…)

   ¿Y por qué creían que la sangre de los gladiadores curaba la epilepsia?
   Sencillo. Pensaban que en la sangre iba la esencia de la persona, y como veían en los gladiadores a los paradigmas de la fuerza, la valentía y la virilidad, creían que todas esas cualidades pasaban a quien bebía su sangre (...)” (pp. 135-136)

[La expresión iugula, en latín, significa literalmente “¡degüellalo!”]

Claude Lévi-Strauss
TRISTES TRÓPICOS (I)
Barcelona, 2017, Paidós.

 

“Hubo quien maliciosamente definió a América como una tierra que pasó de la barbarie a la decadencia sin haber conocido la civilización. Con más acierto podría aplicarse la fórmula a las ciudades del Nuevo Mundo: pasan directamente de la lozanía a la decrepitud, pero nunca son antiguas. Una estudiante brasileña vino a mí llorando después de su primer viaje a Francia. París le había parecido sucia, con sus edificios ennegrecidos. La blancura y la limpieza eran los únicos criterios de que disponía para apreciar una ciudad. Las ciudades americanas, a diferencia de las de tipo monumental, jamás incitan a un paseo fuera del tiempo, ni conocen esa vida sin edad que caracteriza a las más bellas ciudades que han llegado a ser objeto de contemplación y de reflexión, y no tan sólo instrumentos de la función urbana. En las ciudades del Nuevo Mundo, ya sea Nueva York, Chicago o Sao Paulo (estas dos últimas se comparan muy a menudo), lo que impresiona no es la falta de vestigios; esta ausencia es un elemento de su significación. Al revés de esos turistas europeos que se enfurruñan porque no pueden agregar otra catedral del siglo XIII a su catálogo, me alegra adaptarme a un sistema sin dimensión temporal para interpretar una forma diferente de civilización. Pero caigo en el error inverso: ya que estas ciudades son nuevas, y de su novedad tienen su ser y su justificación, no puedo perdonarles que no lo sigan siendo. Para las ciudades europeas, el paso de los siglos constituye una promoción; para las americanas, el de los años es una decadencia. No sólo están recientemente construidas, sino que lo están para renovarse con la misma rapidez con que fueron edificadas, es decir, mal. En el momento de levantarse, los nuevos barrios casi ni son elementos urbanos: demasiado brillantes, demasiado nuevos, demasiado alegres para eso. Más bien parecen una feria, una exposición internacional construida sólo por unos meses. Luego de ese lapso la fiesta termina y esas grandes figurillas languidecen: las fachadas se escaman, la lluvia y el hollín dejan sus huellas, el estilo pasa de moda, la disposición primitiva desaparece bajo las demoliciones que exige una nueva impaciencia. No son ciudades nuevas en contraste con ciudades antiguas, sino ciudades con un ciclo de evolución muy corto comparadas con otras de ciclo lento. Ciertas ciudades de Europa se adormecen dulcemente en la muerte; las del Nuevo Mundo viven febrilmente en una enfermedad crónica; son perpetuamente jóvenes y sin embargo nunca sanas.” (pp. 129-130)

martes, 22 de septiembre de 2026

Gladys Nieto
LA INMIGRACIÓN CHINA EN ESPAÑA (II)
Madrid, 2007, LOS LIBROS DE LA CATARATA.

 

“El cuerpo también se interpreta como un elemento de ocultación, un símbolo de la astucia y el engaño. La representación de un colectivo que intenta escapar del control estatal se codifica corporalmente. En algunas noticias se indica que el físico de los chinos no facilita las investigaciones policiales porque los funcionarios no pueden distinguir el sexo de las personas ancianas. Tras esta idea subyace la imagen de un colectivo homogéneo, sin variaciones físicas. Pero el problema no se localiza en quienes no pueden notar esas diferencias -en este caso la policía-, sino en los mismos chinos y en su capacidad para transfigurarse. La representación de la astucia china mediante la transfiguración corporal alcanzó su máxima expresión en la divulgación que los medios realizaron de la frase: los chinos no mueren. Tal información se lanzó a raíz de investigaciones policiales sobre el bajo número estadístico de fallecimientos de inmigrantes chinos, tras la hipótesis de que los pasaportes de los fallecidos se reutilizaban en el blanqueo de inmigrantes ilegales, desconociendo la suerte que corrían los cuerpos. Esta afirmación se propagó hasta el punto que pasó a sumarse a una aproximación propia del sentido común a la realidad de los chinos. El imaginario popular acabó por añadir sus cuotas morbosas, quedándose con el problema de adónde iban a parar los cuerpos de aquellos fallecidos no registrados, interpretando que ellos llegaban a los platos de los comensales en los restaurantes chinos. Tal imaginería folclórica haya sus razones en la expresión de prejuicios sobre un colectivo que se eleva al máximo nivel de exotismo. Esta idea ha persistido a pesar de que la prensa, después de más de cuatro años de promocionar la frase, amplificando el discurso policial, inexplicablemente diera por concluida la incógnita del bajo número de defunciones de los inmigrantes chinos mediante la aclaración de que esto se debía a que los ancianos regresaban al país de origen a morir.” (pp. 155-156)


 

Alfonso Mañas
GLADIADORES, BESTIAS Y CONDENADOS (I)
Córdoba, 2024, Almuzara.
 

 

“Esta actitud contradictoria la muestra Plinio a lo largo de toda la NH, dando por buena la existencia de seres tan fabulosos como el grifo, o humanos con un ojo en la frente (NH, 7.2.10), y a la vez expresando su total descreimiento hacia los dioses de la religión romana, diciendo cosas como «Es casi un delirio de niños creer en matrimonios entre los dioses y que nadie haya nacido de ellos en tanto tiempo, y que unos sean eternamente viejos y canosos, otros jóvenes o niños, de color negro, alado, cojos, nacidos de un huevo, o que viven y mueren en días alternos» (NH, 2.5.17). Y concluye, «dios significa para un mortal ayudar a otro mortal, y esta es la vía para la gloria eterna» (deus est mortali invare mortalem, et haec ad aeternam gloriam via [NH, 2.5.18]), lo cual no es sino enunciar el principio básico del estoicismo.
   En esencia, las opiniones de Plinio sobre los dioses evidencian lo muerta que estaba ya la religión romana para esa fecha (finales del siglo I), al menos entre los intelectuales como él, y que -por tanto- la participación de esos estratos de la sociedad en los actos religiosos no era más que una hipocresía y una impostura que se mantenía por guardar las tradiciones y respetar las creencias del pueblo llano (que sí creía aún en eso).” (pp. 72-73)

[Las iniciales NH se refieren a la obra de Plinio el Viejo Naturalis historia.]

Gladys Nieto
LA INMIGRACIÓN CHINA EN ESPAÑA (I)
Madrid, 2007, LOS LIBROS DE LA CATARATA.

 

“La educación que niños y jóvenes reciben en los colegios chinos en España no constituye una simple instrucción desprovista de valores. Tampoco es una educación tendiente a una desnuda dogmatización ideológica. Las escuelas se crean y mantienen según sus prácticas aprehendidas en otros lugares de la diáspora. Para las asociaciones que han puesto en marcha estos colegios, ellos cumplen una especie de misión cultural. Se trata de una obligación intergeneracional de transmitir a los jóvenes la lengua china, la pertenencia a una nación y la dedicación que se espera de ellos. Así, la educación en la lengua y la cultura china se nutre de un carácter ontológico que le sirve de fundamento, la formación en la chinitud e indirectamente en la naturaleza masculina que le es concomitante.
   La continuidad del ser chino, mezcla de elementos raciales y culturales, se anunciaba en la portada de una escuela china de Barcelona, como filosofía de una educación destinada a los chinos de la diáspora:
   La piel amarilla, el cabello y los ojos negros son los símbolos legados por nuestros antepasados. Cualquiera que sea el lugar, cualquiera que sea el tiempo que haya pasado, eres siempre descendiente del pueblo chino.

   En esta idea se apela a una pertenencia identitaria china que supera circunstancias temporales o geográficas. Tal pertenencia se construye sobre la herencia genética y racial.” (p. 135) 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Terenci Moix
MIS INMORTALES DEL CINE: Hollywood años 50
Barcelona, 2001, Planeta.

 

“Incluso llegó a anunciarse que se sometería a una prueba más difícil todavía: presentarse en el West End con una producción de Macbeth. Posteriormente se suspendió el estreno sin causas claras, aunque malas lenguas aseguraron que le imponía la responsabilidad de representar a Shakespeare ante el exigente público inglés.
   Semejantes observaciones contrastan con la mayoría de las personas que han trabajado con Charlton Heston. Todos le consideraban un gran profesional, concienzudo y obsesionado por alcanzar la perfección en su trabajo. En este sentido escribió Cecil B. De Mille en su autobiografía: «Antes de rodar una escena de Los diez mandamientos, Chuck solía apartarse del equipo para meditar en soledad durante media hora, vestido y maquillado como su personaje. Cuando regresaba al decorado, los extras musulmanes murmuraban piadosamente: “¡Mussa! ¡Mussa!” Para ellos era el profeta Moisés.»
   Para millones de espectadores sigue siéndolo. Pese a que últimamente le haya dado por el culto a las armas, la homofobia y otras actitudes reaccionarias indignas de aquel Rodrigo de Vivar tan heroico. Y tan guapo, coño.” (p. 257)


Juan José Saer
EL ENTENADO (II)
Barcelona, 2003, El Aleph. 

 

“Todas las noches, a las diez y media, una de mis nueras me sube la cena, que es siempre la misma: pan, un plato de aceitunas, una copa de vino.
   Es, a pesar de renovarse, puntual, cada noche, un momento singular, y, de todos sus atributos, el de repetirse, periódico, como el paso de las constelaciones, el más luminoso y el más benévolo. Mi habitación, aparte de una pared lateral llena de libros, está casi vacía; la mesa, la silla, la cama, los candelabros que sostienen las velas, resaltan, oscuros, entre las paredes blancas; el plato blanco, en el que se mezclan aceitunas verdes y negras que relucen un poco recién salidas del frasco que las contenía en la cocina, y el vaso alto desde el que el vino, del color de una miel delgada, deja subir su olor terrestre y áspero, reflejan, muchas veces, adoptando formas diferentes, la luz de las velas que, en el aire tranquilo, parecen reconquistar a cada momento su altura y su inmovilidad; el pan grueso, que yace en otro plato blanco, es irrefutable y denso, y su regreso cotidiano, junto con el del vino y las aceitunas, dota a cada presente en el que reaparece, como un milagro discreto, de un aura de eternidad.” (pp. 126-127)

Mick Herron
LAS HORA SECRETAS
Barcelona, 2023, Salamandra.

 

“En cuanto  su propio trabajo, había días en que podía tenerlo delante de las narices sin ser capaz de entender en qué consistía. «La protección de la nación.» Lo que significaba proteger a los trabajadores, a los asistentes a un concierto, a los que iban de compras, a los que estaban en primera línea cuando determinados individuos, metidos en algún cuartucho sin ventanas, proyectaban sembrar el terror incitados por el odio. Lo que a su modo de ver justificaba entrometerse en las vidas de aquellos mismos trabajadores, aunque no todo el mundo lo veía de esa forma. Para algunos, ella era el enemigo, «el escudo protector de la clase dirigente». Una pulla habitual, y en parte fundamentada, pero que ignoraba el hecho de que la antigua clase dirigente se había ido desintegrando durante las últimas décadas, pues el funcionariado y los industriales de toda la vida se habían visto suplantados por una nueva cohorte. Una cohorte integrada por los medios de comunicación por un lado, los ricos por el otro, y en su parte intermedia, por la vasta intersección entre los unos y los otros. El grito de guerra de esta nueva generación decía combatir a las élites, pero en realidad todos habían ido a los mismos colegios de pago, pertenecían a los mismos clubes y hacían ondear las mismas banderas en lo alto de sus mansiones rurales... No, no hacía falta proteger a la clase dirigente, porque la clase dirigente siempre acababa venciendo. Con el matiz de que no siempre se trataba de la misma clase dirigente, o no inicialmente.” (pp. 456-457)

Juan José Saer
EL ENTENADO (I)
Barcelona, 2003, El Aleph. 

 

“La carne humeaba, despacio, sobre el fuego. Al derretirse, la grasa goteaba sobre las brasas, produciendo un chirrido constante y monótono, y por momentos formaba un núcleo breve de combustión, acrecentando la humareda y atrayendo la atención de los asadores que se inclinaban, interesados, y se ponían a remover el fuego con sus palos largos. El silencio de los indios era tan grande que, a pesar de la muchedumbre que rodeaba las parrillas no se oía nada más que la crepitación apagada de la leña y la cocción lenta de la carne sobre el fuego. De la carne que iba asándose llegaba un olor agradable, intenso, subiendo junto con las columnas de humo espeso que demoraban en disgregarse hacia el cielo. El origen humano de esa carne desaparecía, gradual, a medida que la cocción avanzaba; la piel, oscurecida y resquebrajada, dejaba ver, por sus reventones verticales, un jugo acuoso y rojizo que goteaba junto con la grasa; de las partes chamuscadas se desprendían astillas de carne reseca y los pies y las manos, encogidos por la acción del fuego, apenas si tenían un parentesco remoto con las extremidades humanas. En las parrillas, para un observador imparcial, estaban asándose los restos carnosos de un animal desconocido. 
   Estas cosas son, desde luego, difíciles de contar, pero que el lector no se asombre si digo que, tal vez a causa del olor agradable que subía de las parrillas o de mi hambre acumulada desde la víspera en que los indios no me habían dado más que alimento vegetal durante el viaje, o de esa fiesta que se aproximaba y de la que yo, el eterno extranjero, no quería quedar afuera, me vino, durante unos momentos, el deseo, que no se cumplió, de conocer el gusto real de ese animal desconocido. De todo lo que compone al hombre lo más frágil es, como puede verse, lo humano, no más obstinado ni sencillo que sus huesos. Parado inmóvil entre los indios inmóviles, mirando fijo, como ellos, la carne que se asaba, demoré unos minutos en darme cuenta de que por más que me empecinaba en tragar saliva, algo más fuerte que la repugnancia y el miedo se obstinaba, casi contra mi voluntad, a que ante el espectáculo que estaba contemplando en la luz cenital se me hiciera agua a la boca.” (pp. 49-50)


viernes, 21 de agosto de 2026

Ludwig Wittgenstein
TRACTATUS LOGICO-PHILOSOPHICUS. INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS.
SOBRE LA CERTEZA

Madrid, 2009, Gredos.
www.archive.org

 

“La inmortalidad temporal del alma del hombre, esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no sólo no está garantizada en modo alguno, sino que, ante todo, tal supuesto no procura en absoluto lo que siempre se quiso alcanzar con él. ¿Se resuelve acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente? ¿No es, pues, esta vida eterna, entonces, tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo.” (p. 135, sección 6.4312.)
[La cita pertenece al TRACTATUS LOGICO-PHILOSOPHICUS.]

 


Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (III)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.

 

“En mi vida nunca veo el vaso medio lleno. Tampoco medio vacío. Siempre lo veo a punto de derramarse. O no lo veo en absoluto. No hay ningún vaso. No hay nada. Estoy delante de una fea mesita de café y encima solo la nada. La mesita también podría desaparecer. Mejor dicho, ya ha desaparecido. No me queda la ausencia, sino la perplejidad.
   Perdonad, pero no me acuerdo. ¿Qué es lo que debía ver?
  No sé dónde encontrar la respuesta, porque en ese momento la pregunta también se ha desvanecido.
   A veces me pregunto si la constante vaguedad en la que vivo no dependerá de una característica mía: nadie me reconoce.” (p. 182)

Luciano Canfora
LA BIBLIOTECA DESAPARECIDA (II)
Madrid, 2025, Siruela.

 

“En Roma había surgido, entre los ricos, la manía de llenar la casa de libros. «¿Para qué sirven colecciones enteras de libros -tronaba un filósofo estoico- si en el arco de la vida el dueño alcanza, a duras penas, a leer sus títulos? ¡Consagraos a pocos autores, no vagabundeéis entre tantos!».” (p. 63)


Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (II)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.

 

“Nunca quise a la abuela Muccia, y ese sentimiento era felizmente recíproco. (…) Era viuda desde hacía años, desde antes de que yo naciera, pero su adhesión al luto era más tenaz que una fe futbolística. Reservaba para las demás viudas el desprecio de los hinchas por los entusiastas de última hora.
-Esa se viste de negro solo porque la hace más delgada.” (p. 85)


Luciano Canfora
LA BIBLIOTECA DESAPARECIDA (I)
Madrid, 2025, Siruela. 
 
 
 
“Entre tanto, los herederos de Neleo debían defenderse de un peligro más serio y más próximo: la biblioteca de Pérgamo. (…) La rivalidad entre los dos centros tuvo consecuencias nocivas. Entraron en escena turbas de falsarios. Ofrecían rollos de textos antiguos remendados o incluso falsificados, cuya refutación se dudaba (si la falsedad no era evidente de inmediato) por temor a ser útil a la biblioteca rival. Se trataba, habitualmente, de manipulaciones hábiles, en las que lo genuino y lo espurio se mezclaban, no sin cierta habilidad por parte de los solícitos falsificadores.” (p. 52)

Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (I)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.  
 
 
 
“Cuando por fin llegó el descubrimiento de los libros, no fue una forma de evasión, sino más bien una apaciguadora coalescencia de hastío. Casi podía visualizarla, blanca y fangosa: leer era como hundirse en una ciénaga de leche. Permanecía sumergida durante horas, hasta que incluso mi cuerpo se volvía flácido, con el agua estancada filtrándose por mis poros. Sentía que todo tenía sentido de repente, un fenómeno de transubstanciación, mi carne se convertía en hastío. No hubiera sabido decir si un libro me gustaba. Pero no era esa la cuestión. Es más, la idea misma de que la lectura pudiera convertirse en un placer era completamente engañosa. ¿Para qué crearnos esa aflicción innecesaria? Había algo que mi familia temía más que la nube tóxica de Chernóbil: el hedonismo.” (p. 26)

 

miércoles, 8 de julio de 2026

Mahi Binebine
YO, EL BUFÓN DEL REY
Barcelona, 2018, Alfaguara.



“Las arrugas del chambelán, que le arrancaban de la ancha frente, se acentuaban entre las cejas, dándole el aspecto de un león solitario y flaco; le rodeaban los ojos y se dispersaban, en forma de patas de gallo, para desplomarse en los pómulos, arrugados como higos pasos; le surcaban luego el sendero del llanto, fluían hasta la comisura de los labios, de los que tiraban hacia abajo, y por fin morían en el hoyo de una barbilla partida particularmente fea. El conjunto formaba algo así como un trapo arrugado en que la depresión parecía haber afincado para siempre su territorio.” (p. 108)

Alejandro Martín Navarro
EL VIAJE SOLITARIO
La filosofía y al búsqueda de la naturaleza perdida
Sevilla, 2024, Renacimiento.

 



“Los antiguos griegos tenían una visión idealista de la vida. Basaron su civilización en una firme fe en los grandes ideales: los viajes de Jasón, de Ulises, de los navegantes y conquistadores, así como las instituciones educativas y políticas de los antiguos habitantes de la Hélade, evidencian una creencia inquebrantable en que el hombre está llamado a una meta más alta que sí mismo. Nuestro destino es ser siempre algo más de lo que ya somos. En realidad, tener un ideal es también tener un asidero a la vida. Nos permite situarnos, saber qué somos y cuál es nuestra meta. Una persona sin ideales es, por el contrario, alguien permanentemente a la deriva, arrastrada por filias y fobias pasajeras, alguien que no consigue nunca dar una dirección a lo que hace. Y lo mismo sucede con las sociedades: una civilización, cuando ha perdido la tensión hacia lo ideal, entra en crisis, se diluye, se deja vencer por las fuerzas disgregantes de la historia. Tal vez esto es lo que sucede hoy, a la luz de lo que vemos cada día en los telediarios y en las redes sociales: una sociedad que no sabe muy bien cuál es su meta. Lo dijo Nietzsche, rotundo como siempre: «Ningún viento es favorable para quien no sabe adónde va».” (pp. 171-172)